DE CURAR UNA ENFERMEDAD A SATISFACER EL DESEO SEXUAL DE LA HUMANIDAD.

El médico británico Joseph Mortimer Granville es considerado el padre del vibrador por haber inventado el primer vibrador de baterías en la década de 1880. La meta era usarlo en el consultorio médico como una herramienta terapéutica para combatir lo que en la época victoriana se conocía como histeria femenina. Previamente, el tratamiento era que los médicos acariciaran manualmente a la paciente hasta que alcanzaran el orgasmo, que en el contexto de la época se le denominaba “paroxismo histérico” al considerar el deseo sexual femenino reprimido como una enfermedad.

 De este peculiar masaje ya se hablaba en al año 653 y consistía en que por orden de un médico, una comadrona se impregnaba un dedo en aceite de flores, generalmente lirios o nardos, y masajeaba con vigor la zona genital de la mujer hasta que esta llegara al clímax, y aliviando de esa manera su “histeria”.

 En el siglo II, Galeno, un importante médico, escribió que la histeria era una enfermedad causada por la privación sexual en mujeres particularmente pasionales. Se diagnosticaba frecuentemente en vírgenes, monjas, viudas y en menos ocasiones en  mujeres casadas.

 Y así llegamos al siglo XIX, donde esta supuesta enfermedad que los griegos habían descrito el “útero ardiente”, se convierte en una especie de plaga entre las mujeres de la época. Cualquier comportamiento extraño – ansiedad, irritabilidad, fantasías sexuales – es considerado como un claro síntoma y la paciente es enviada inmediatamente a recibir un masaje relajante. Y es que  a pesar del paso de los siglo, aún no se consideraba a las mujeres seres sexuales y se creía que los desordenes psiquiátricos femeninos provenían del útero.

Los médicos seguían combatiendo la histeria femenina acariciando manualmente el clítoris y la vulva de las pacientes hasta que pudieran alcanzar lo que en aquella época era conocido como”paroxismo histérico”,  que en realidad era un orgasmo. Como en aquella época era mal visto que una mujer acudiera sola a la consulta, era frecuente que maridos o madres esperasen sentadas junto a la paciente mientras el medico tranquilamente las masturbaba.

Pero el primero que tuvo la idea de crear ese invento fue Joseph Mortimer Granville, que en 1870, cansado de masturbar manualmente a sus pacientes, patentó el primer vibrador electro-mecánico con forma fálica, y aunque de un tamaño considerable, fue todo un éxito, ya que  lograba “aliviar” a las pacientes en menos de diez minutos de una manera relativamente sencilla.

Visto el potencial del aparato, y para evitar las vergonzosas visitas al médico,  una avispada empresa, llamada “Hamilton Beach”, comenzó a producir en 1902 vibradores de tamaño más pequeño.

 

 

Varios modelos comienzan a comercializarse a través de todo tipo de publicaciones, e incluso  periódicos de tirada nacional. “La vibración es la vida” – se publicaba en  algunos anuncios – “Porque tú, mujer, tienes derecho a no estar enferma”.

 

 

En muchos catálogos femeninos el vibrador se publicita como “instrumento para la tensión y la ansiedad femenina”. Su uso se promociona como una forma de mantener a las mujeres relajadas y contentas. “La vibración proporciona vida y vigor, fuerza y belleza” – dicen los anuncios – “El secreto de la juventud se ha descubierto en la vibración”.Su comercialización llega a tal extremo que algunos modelos incluyen un recambio adaptable que convierte el vibrador en una batidora.

La difusión de la electricidad en el hogar facilitó la llegada del vibrador al mercado de consumo. El atractivo de un tratamiento en la intimidad del propio hogar hizo que el vibrador alcanzase una cierta popularidad. De hecho, llegó al mercado mucho antes que otros dispositivos eléctricos: nueve años antes del aspirador y diez años antes de la plancha.

La variedad de vibradores de aquella época era inmensa, muchos modelos funcionan con corriente eléctrica, otros lo hacen con baterías o gas, incluso se diseñan algunos que funcionan a pedales  para proporcionarle a su paciente su correspondiente ración de alivio. Los aparatos tenían velocidades que van desde 1.000 a 7.000 pulsaciones por minuto y los precios pronto empiezan a ser asequibles para su uso doméstico teniendo un gran auge de ventas hasta los años 20.

 Pese a lo que nos pueda parecer hoy por el concepto sexual que tenemos de un vibrador, en aquellos años la aplicación del vibrador sobre el clítoris era tenida por una práctica exclusivamente médica. En la concepción machista de la época, al no haber contacto con el interior de la vagina, se considera que no hay contacto sexual, y no por tanto no existía ningún tabú alrededor de este objeto, solo se consideraban artículos de masaje anti-estresante y era común verlo en todo tipo de catálogos y revistas.

Pero a partir de 1920, los vibradores aparecen en las primeras películas pornográficas, y  empiezan a perder su imagen de instrumento médico. Esto, unido a que a principios de los 50 la “Asociación americana de psiquiatría”  declaró que la Histeria no era una enfermedad, hizo que el vibrador fuera visto como un juguete sexual y considerado instrumento de perversión, comenzando  poco a poco a ser un tabú, connotación que casi continua teniendo hoy en día en muchos lugares. Y es que, chicas, es una lastima, pero actualmente la histeria  no cuela como excusa para ir a comprar un vibrador.

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